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Cuando el gris pesa más que el blanco y el negro

  • Foto del escritor: Yael Waisser
    Yael Waisser
  • hace 26 minutos
  • 3 Min. de lectura

Complejizar las narrativas es quizás uno de los retos más difíciles que se nos pueden poner enfrente. Reconocer que lo que vemos no es blanco y negro hace que las cosas sean mucho más dolorosas, porque en el gris hay muchos más conceptos, palabras, emociones y silencios que en los simples colores del blanco y negro.


Eso es exactamente lo que sentí, parada hace unos días en lo que fue la fiesta del Nova, el 7 de octubre de 2023. Una de las peores masacres contra el pueblo judío en tiempos modernos. Estábamos ahí, parados entre historias y fotos de todos los asesinados, entre recuerdos y frases. Tsur, uno de los compañeros israelíes que nos acompañaba, comenzó a contar la historia de su amigo Hersh (Goldberg-Polin) y de otros dos amigos cercanos suyos que fueron asesinados en Nova por los terroristas de Hamás.


Mientras escuchaba las historias, me dolía el corazón. La gente del Nova era un grupo de personas que simplemente quería festejar; una comunidad que creía en la paz y que, en su lugar, fue secuestrada, asesinada o incinerada con crueldad.


Es tal vez muy difícil describir lo que pasó a continuación, pero lo voy a intentar, y es probable que muchos me juzguen por lo que estoy por decir. A la mitad de la historia que escuchábamos, la tierra tembló. Escuché un estruendo terrible, como nunca antes. Jamás algo así. Nova se movió. Inmediatamente, nuestro guía nos dijo: “Tranquilos, es nuestra. Están a salvo”. En ese momento, mi mente se fue al lugar y al tiempo en el que había caído esa bomba, “del otro lado”, “a los otros”. Pero son seres humanos.


No sé si Israel tenía una razón válida para seguir bombardeando, tampoco sé por qué Hamás sigue manteniendo secuestrado el cuerpo del último rehén. Y aceptar que no sé —de verdad no saber— es quizá lo más incómodo de todo. Porque nos educaron para tener posturas, no para sostener dudas. La dualidad no es coherente. Es contradictoria todo el tiempo. Puedes sentir furia y compasión a la vez. Puedes defender una historia sin cerrar los ojos a otra. Puedes amar profundamente a tu pueblo y al mismo tiempo, reconocer el dolor del otro sin que eso te haga traidor.


La dualidad de estar parada en el sitio del 7 de octubre y escuchar cómo el ejército israelí tiraba una bomba a Gaza, a la mitad de un cese al fuego, me lastimó. Pero entendí entonces que todo lo que vemos y escuchamos es mucho más complejo. Que podemos sentir un dolor profundo por lo que le pasó a nuestro pueblo el 7 de octubre, pero que también puede dolernos lo que les pasa a los palestinos hoy en día. Si algo puede unir a los pueblos hoy, tal vez sea el dolor y todo lo que hay en medio. Porque aunque haya odio y falta de esperanza, sentimos lo mismo: frustración y

dolor.


Salí sin esperanza. Me gustaría decir que en unos años tal vez llegará la paz, pero no lo sé. De lo que sí estoy segura es de que tenemos que aventarnos un clavado a la complejidad de los matices grises que existen entre los extremismos del blanco y el negro, para entender que el dolor no se siente necesariamente solo de un lado; que somos seres humanos y que la dualidad de los mensajes es complicadísima. Las conversaciones hacia el entendimiento van a darse en el medio: no en el blanco, no en el negro.


-Yael Waisser, Diciembre 2025

 
 
 

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